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investigaciones |
El Seminario de Hornachuelos
Hace unos cinco o seis años
Ángel Rivero (www.looculto.tk)
quiso visitar la localidad cordobesa de Hornachuelos
y entre iglesia e iglesia, construcción y construcción, llegó hasta el paraje
conocido como desierto de Santa María de los Arenales y San José. En el cuidado
eremitorio que encontró, el único fraile ermitaño que quedaba le enseñó la
iglesia y los humildes rincones que había, como el rosario gigante hecho por un
antiguo hermano.
En la paz del lugar el hombre
mencionó la existencia de otro convento, algo más adentro de la sierra, que no
podía visitarse por estar dentro de un recinto rodeado de toros de lidia.
La verdad es que por desidia y
por la pereza de tener que caminar varios kilómetros para llegar, único medio
para hacerlo, fue dejando olvidado el asunto hasta que a finales de 2010 le
hizo mención a un amigo de la existencia del Monasterio de Santa María de los
Ángeles.
Para ver los orígenes de este
monasterio había que remontarse al 14 de abril de 1490 cuando fray Juan de la
Puebla, segundo conde de Belalcázar, lo fundara. El
edificio sufre varios incendios durante su vida y lo más antiguo que se
conserva es la iglesia, de 1763, quedando abandonado
en la década de 1970.
Lo primero fue descubrir que la
escena final de la novela del duque de Rivas Don Álvaro o la fuerza del sino
se desarrolla precisamente en ese lugar y que en ella se resumen algunas de las
leyendas del convento, como la que dio nombre al lugar conocido como el salto
del fraile o a la cueva de la mujer penitente. También pudo saber por qué se le
cambió el nombre al barranco del infierno o la existencia de un elevado número
de prodigios que allí tuvieron lugar.
Don Álvaro o la fuerza del sino
(descargar)
© Ángel Rivero
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Manuel Delis Mesa |
Sin ser algo
oficial, como puede serlo un ayuntamiento o un cuartel de la guardia civil,
prácticamente en cada pueblo o ciudad existe una casa denominada “casa del
terror” y lo cierto es que no necesariamente ha tenido que pasar ningún crimen
o acto paranormal para ganarse ese titulo, sino mas bien lo que lleva a forjar
la leyenda de una casa maldita es meramente su aspecto físico; si esta es
grande y demacrada, abandonada, tétrica….
Pues una casa
normal en la que pudiera haber sido una gran masacre, si no se es consciente de
lo que allí ocurrió, difícilmente dará miedo a nadie.
Pero, cuando
coinciden los factores: mansión (o edificio grande), aislada, abandonada, con
largos pasillos y sótanos… cualquier dato que indique que en ese lugar ocurrió
algo digno de marcar esas paredes, hace que los investigadores de centren más
en ese lugar que en cualquier otro.
Todos estos
factores se dan totalmente intensificados en el Monasterio de Santa María de
los Ángeles, situado en plena sierra Virgen de Hornachuelos
(Córdoba), un auténtico palacio que data del siglo XV aunque usado hasta
principios del XX perdido lejos del mundanal ruido y aislado de la
civilización, sólo accesible a pie por un angosto y escarpado sendero de
Con una superficie que triplicaría la del conocido Cortijo Jurado, de 4
bloques enormes de 5, 7, 8 y 9 plantas cada una con unas 20 habitaciones y sus
respectivos baños y terrazas, parte del mobiliario casi intacto pues el lugar
no es propicio para saqueadores ¿Quién va a cargar con una cama o un armario 7
km por la ladera de una montaña?, 3 patios comunes, 2 de ellos con piscina la
cual aún hoy funcionan, pues están conectadas a fuentes de afluente natural y
el agua se renueva cada día.
Criptas talladas
en cuevas naturales, con altares entre las estalactitas donde es fácil de
imaginar a oscuras a algún fraile meditando y escondido en mitad de la noche.
Estos sótanos dan
especial miedo, y esto le da a uno que pensar. ¿Por qué nos dan miedo los
sótanos más que otra habitación? ¿lo relacionamos con
estar más cerca del infierno?
Si aplicáramos la
lógica una azotea daría en teoría más miedo, pues tiene más alto grado de
peligrosidad real…. Sin embargo todo lo que está bajo tierra nos acerca al
inframundo, a nuestras pesadillas.
En este caso un
lugar religioso que ha vivido 5 siglos viendo pasar la guerra, hambre,
aislamiento y cientos de personas guiadas por la fe….. , son miles las
historias, pero la más representativa de el lugar que dejaría este rincón
olvidado de
Andalucía en la posteridad es sin duda la obra de Ángel de Saavedra “don Álvaro o la fuerza del sino” una
obra de teatro adaptada a una novela que hoy se considera un clásico de la
literatura del romanticismo español del siglo XIX, en ella tienen lugar una
trama ficticia, pero ubicada en este seminario y basada en un suicidio real
ocurrido en éste.
De hecho, el
precipicio donde este fraile acabó con su vida hoy en día se conoce
popularmente como “el salto del fraile”
Ya tengo la
documentación que necesito, así que me dirijo a Hornachuelos
armado con una grabadora, una linterna, cantimploras, una navaja multiusos, mi
cuaderno de campo, un par de bocadillos y dos cámaras de fotos. Desayuno en un
bar de cazadores, con cabezas de ciervos y jabalíes como trofeos decorando el
bar…. Pienso que de ser yo un animal… esta sería la auténtica casa del terror.
Pregunto por el
sendero y cojo la mochila, camino durante hora y media por una montaña que da
la sensación que ni es practicable, ni la pisa nadie desde hace siglos, pies de
plomo y cuidado pero no hay problema para avanzar pues encontrarlo es tan fácil
como seguir el río desde
que sale del pueblo y entra en las montañas hasta que se detiene ante el
edificio.
Este camino no ha
sido abierto al público hasta hace unos 5 años pues hasta entonces esa sierra
era terreno de cría de toros bravos de una conocida ganadería, y estos animales
eran los dueños de estos caminos por los que nadie era capaz de pasar.
Con la crisis
económica y venta se habilitó este camino para senderismo y aún aparecen restos
de asta de vacuno tirados por el camino.
A lo lejos aparece
el seminario, parece mentira que se sostenga tan inmenso en la casi
verticalidad de la montaña pero allí está, una gran cruz de piedra tosca y
corroída por los años puesta sobre 4 gradas a modo de asiento se encuentra unos
metros antes de llegar, y ya en la enorme puerta descubrimos que está cerrada,
bordeamos el edificio en busca de otra forma de entrar hasta que damos con la
puerta de el patio, es fácil de saltar y entramos…..pero lo primero que se nos
viene a la cabeza es ¿por dónde empezamos? Cientos de ventanas nos miran y
suenan portazos por todas partes, el aire nos la está jugando hoy,
Entramos en el
primer bloque y recorremos una habitación tras otra, los patios, las fuentes….
Todo el tiempo como si muchas personas nos miraran como a extraños desde sus
salas.
La cocina, con su
gran horno antiguo con palancas de acero forjado y una habitación de lo que
parecía ser una rústica cámara frigorífica, por el suelo toda clase de insectos
y alguna serpiente cruza entre nuestros pies. Las escaleras están en perfecto
estado y me parece muy curioso que no se vea ni una pintada, ni un destrozo ni
señal de gamberros que todos sabemos que les encanta este tipo de lugares para
profanarlo con sus destrozos y pintadas absurdas…. En cambio este lugar parece
como si nadie hubiera entrado desde que se abandonó; cosa que me lleva a pensar
que, o bien este monasterio es desconocido hasta para los vecinos de Hornachuelos, o bien su ubicación hace que quien se acerca
al lugar tenga un respeto especial pues si quieres profanar algo, te vale
cualquier muro y no tienes que caminar kilómetros de sierra cuesta arriba.
Las habitaciones
son calcadas unas de otras, y se hace bastante difícil mantener la orientación
y saber si ves tres veces la misma y ninguna otra, incluso la distribución de
los muebles es exacta.
El último piso de
uno de los bloques está apuntalado y no se puede pasar. Pero es muy extraño
pues la estructura del edifico está casi en perfecto estado.
Pero sin duda lo
que más me llama la atención al bajar de nuevo es la cantidad de habitaciones
cuyas puertas están tapiadas con ladrillos……. Conté como 15 salas repartidas
por el seminario y en distintas zonas, ¿qué quieren ocultar? Mi teoría es que
son estatuas y cosas pesadas que resulta bastante laborioso el transporte por
estas tierras y no se quiere que ni se rompan ni se profanen…. Por supuesto
sólo es una idea, pues desconozco
totalmente el porqué de este asunto.
Aunque no vemos
ninguna entrada, el suelo que pisamos parece estar hueco y parece que hay un
sótano y pasamos un rato buscando algún modo de entrar, pero nada, por otra
parte quizás fuera una de tantas cuevas que hay bajo el seminario pero lo que
es seguro es que durante toda la investigación sabemos bien que nos estamos
saltando muchos sitios, bien por falta de tiempo o por que son ocultos.
Paramos a comer
junto a la piscina, al lado hay una fuente preciosa y un altar con el antiguo
monasterio pintado en las baldosas; a nuestras espaldas un bloque que aún no habíamos
entrado y de repente se nos heló la sangre…. Oíamos música,… y aunque nos parecía imposible los dos estábamos seguros
que la escuchábamos y que venía justo de ese bloque, y creedme cuando os
digo, que cuando avanzábamos hacia dentro ninguno éramos conscientes que
entrábamos en la capilla……… ¿sugestión?
Si hubiera tenido ese dato antes,.. Quizás, pero lo desconocíamos dos personas
que oímos esa música
La capilla tiene
grandes cambios de temperatura y el tiempo parece haberse detenido, se siente
incómodo y el aspecto es mucho más demacrado y tétrico que el resto del
edificio así que decidimos hacer las pruebas psicofónicas,
cosa que no pudimos porque misteriosamente la grabadora no funciona (la cual no
había fallado antes), unos cuantos planos de video y unas fotos cargadas de orbes….
De nuevo en el patio.
El jardín es un
peligro bastante más físico que el interior del edificio…. La maleza se apodera
de todo el suelo y hay que tener cuidado con no caer en un pozo ciego o por
algunas escaleras. Al no contar con mi fiel grabadora hubo que improvisar otra
manera de grabar audio, y la sola manera que se me vino a la mente fue usar la
opción vídeo de la cámara de fotos, y tras varios barridos a lo largo del
monasterio he podido sacar una de las parafonías más
claras de mi vida, y esta fue en la cocina.
Teniendo en cuenta que una
inclusión de este tipo no tiene por qué estar atada a nada extraño, en este
caso sí lo es, pues lo que se escucha perfectamente es un gemido de dolor, más
alto incluso por encima de mi propia voz contando y hablando de dónde estoy
mientras sostengo la cámara; es como si el “ser” del que procede ese gemido
hablara directamente al micro del receptor.
Pero hay algo que
no entiendo y no dejo de preguntarme, ¿Dónde está “el salto del fraile”? es
extraño; según mi documentación es un precipicio y el lugar exacto donde don
Álvaro se suicidó despeñándose por el
barranco…. Pero, todo el seminario está en un barranco y éste es inmenso, ¿Cómo
encontrarlo?
Escucho un ruido
de la puerta del patio, son dos personas entrando saltando por la misma puerta
con pinchos que nosotros y se trata de dos vecinos de Hornachuelos:
una pareja de unos 50 años amantes de la naturaleza. Tras las previas
presentaciones y charlas sobre el lugar, le pregunto por el denominado “salto
del fraile” a lo que me responden que no lo encuentro por que no busco en el
sitio adecuado, así que subimos a la azotea de uno de los bloques y me señala
un punto concreto fuera del seminario, por el mismo sendero donde se intuye a unos
donde ya no hay camino y la montaña se termina, en el último pico hay una
vieja casa sin techo, de muros de piedra y gran chimenea, junto a ella un
saliente del tamaño de una persona y un precipicio que
no es que fuera vertical sino que se inclina hacia delante en su parte más
alta….. para mí es cuando más he sentido el
significado de la palabra vértigo.
Me dice que en
tiempos pasados esa casa formó parte del seminario y de hecho es lo único que
no se ha reformado por la ubicación
demasiado peligrosa de esta, se desterró del edificio, ese es el salto del
fraile y desde ese saliente saltó don Álvaro.
Le pregunto si es
posible llegar al lugar o es demasiado peligroso, su respuesta me dio
confianza. ”Hombre, peligroso si que es….
Pero yo he ido en mas de una ocasión y tengo 50 años”
Me dirijo hacia el
lugar, sólo, mi esposa dice que esto ya le supera y me espera en el seminario….
Yo debí hacer lo mismo pues os aseguro que no contaba con llegar e esa casa….
El sendero es tan pequeño y desgastado
por el tiempo que no me caben los pies en él, y tengo parte de las botas
en el aire del precipicio, os aseguro que de no ser por que había ramas y
plantas donde agarrarse, habría acabado igual que don Álvaro. Recordaba una y
otra vez las palabras de mi madre “no
te metas en sitios peligrosos” y una frase de mi buen amigo
Ángel Ribero “yo no me adentro en lugares
peligrosos por que yo busco fantasmas… pero no busco convertirme en uno”
tenía más razón que un santo.
A duras penas me
encuentro frente a la casa… en “el salto del fraile “ sólo se sostiene la
fachada y todo el techo descansa en su suelo, en una de sus piedras hay una
inscripción que por más que lo intento está demasiado desgastada para leerla, a
su lado un saliente, lugar exacto donde saltó don Álvaro, me acerco y contemplo
lo que para él (y casi para mí) fue la última visión, paisaje que no ha
cambiado nada a lo largo de los siglos, pendiente que casi no se ve el suelo,
que son las piedras afiladas de la orilla del río Belmezar
con las montañas de fondo y el viento filtrándose por las rocas….y justo ahí
recuerdo el pasaje del libro y la frase que dice el fraile justo antes de
suicidarse:
-¡Infierno,
abre tu boca y trágame¡ húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio,
destrucción….¡
Ya está bien por
hoy, me ha gustado la experiencia y he sentido lo que es el miedo, y el miedo a
lo conocido…. Aunque la investigación del seminario de los Ángeles sigue
abierta jamás volveré a “el salto del fraile”. Con una me basta.
Recojo mis cosas, otro día retomaré este sendero, si Dios
quiere. ■
© Manuel Delis
© Fernando García